Síndrome de Estocolmo laboral: hostigamiento normalizado.

El acoso laboral es el pan de cada día en muchas compañías. Pero una cosa es sufrirlo y otra, muy diferente, acostumbrarse a él. El síndrome de Estocolmo tiene cabida en el ámbito organizacional.

Esta es quizá una de las notas más difíciles de escribir porque, por supuesto, he pasado por ahí: un ambiente de trabajo tóxico que no “podía” dejar. Lo entrecomillo porque, como tú y yo sabemos, querer es poder. Por eso, cuando descubrí que algunos profesionales de la salud mental ya hablan de síndrome de Estocolmo laboral, supe que era un tema que valía la pena explorar.

Los estudios sobre mobbing o acoso laboral, identifican el abuso como una interacción social en la que está presente la asimetría del poder. Es común que se ejerza la autoridad como sinónimo de sometimiento.

El síndrome de Estocolmo es un fenómeno de vinculación afectiva que suele aparecer entre los rehenes y sus captores. Por supuesto, cuando lo trasladamos al ámbito laboral, no nos referimos a quien ha sido forzado a mantenerse en cierto ambiente, más bien hacemos referencia a un tipo complejo de codependencia.

Hay una identificación poco sana e incluso una relación emocional entre un individuo y condiciones de trabajo hostiles, francamente violentas. El empleado está tan enganchado con el maltrato que no se siente merecedor de un mejor ambiente laboral.

El síndrome de Estocolmo laboral puede ser consecuencia lo mismo de una baja autoestima (tanto de víctima como de victimario) que de una fuerte necesidad económica.

Por supuesto que se trata de un tema que da para mucho, uno que además deberíamos “rebotar” con un especialista en psicología clínica. Sin embargo, hoy me doy por bien servida con recordarte que nada justifica la violencia.

Si crees ser víctima (en el sentido más literal de la palabra) del síndrome de Estocolmo, es momento de que tomes el control de tu vida (spoiler alert: no es fácil). No te estoy sugiriendo que dejes el trabajo de la noche a la mañana, pero ten en mente siempre puede haber algo mejor, sobre todo si tomas decisiones con base al amor (propio, por ejemplo).

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