¿Existe el estrés “bueno”? ¡Descúbrelo!

Hemos satanizado el estrés y no es tan malo como parece, en todo caso depende de qué lo causa y cómo se gestiona. El estrés “bueno” existe, se llama eustrés.

El estrés es una de las tantas reacciones del organismo frente a un desafío más o menos grande, es un mecanismo de adaptación y por eso es que podemos hablar del estrés “bueno”. Es más una cualidad que un defecto que debamos esconder.

Resulta que la tensión propia de los momentos en los que sentimos temor puede detonar la innovación y esta, a su vez, nos conduce a nuevas formas de ser y estar. El llamado eustrés aumenta nuestro nivel motivacional.

Cuando tu jefe te delega un nuevo e importante proyecto, te sudan las manos, aumenta tu ritmo cardíaco y, sin duda, se acelera tu respiración. No solo es completamente normal, sino que es justo lo que necesitas para aumentar tu eficiencia cerebral y encarar el reto. Eso es estrés “bueno”.

Y entrecomillo “bueno” porque esta respuesta del cerebro no es positiva o negativa de origen, es nuestra capacidad para identificar y regular emociones la que convierte el nerviosismo en la chispa creativa o en un ataque de pánico propio del estrés dañino o distrés.

Así se siente el eustrés o estrés saludable

  • Es a corto plazo. El estrés “bueno” pone al cerebro en alerta y sus síntomas corporales desaparecen en poco tiempo, en cuanto solicitamos ese crédito hipotecario o justo cuando nos subimos por primera vez a la tabla de surf.
  • Nos permite enfocar nuestra energía. A diferencia del estrés “malo”, el eustrés pone todas nuestras herramientas al servicio del objetivo que hay que conseguir. El cerebro recibe más oxígeno y te saca de cualquier apuro.
  • Quieres ir por más. Con el distrés te preparas para huir, con el estrés “bueno” te preparas para luchar, te emocionas, sabes que puedes con el reto aunque aún no sepas cómo. Brincas, gritas, ya quieres empezar.
  • Te hace más sociable. Además de que consigues lo que quieres te pones de buen humor y estás dispuesto a ayudar a otros. El eustrés puede mantenerse bajo control, te hace avanzar y responder mejor a cualquiera que sea la situación que tienes en frente.

En lugar de obsesionarte con evitar el estrés, concéntrate en reconocerlo, practicar algunos ejercicios de liberación emocional y preguntarte “cómo” en lugar de “por qué”. Así es como convertimos ese impulso en estrés “positivo”.

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