Cometer errores es bueno para la salud, dice la ciencia.

Nos hicieron creer que equivocarse está mal, que es motivo de vergüenza, pero hoy voy a intentar cambiar el discurso y, para eso, cuento con la ayuda de la ciencia. Cometer errores podría ser solo la antesala del éxito (lo que quiera que eso signifique para ti).

Si no te estás equivocando es, probablemente, porque no estás intentando nada nuevo. Cualquiera que haya ido tras un sueño (el que sea), sabe que el fracaso es parte del camino. Cometer errores no está mal. Todo lo contrario. Equivocarse es la mejor manera de aprender.

Para dejar de romantizar conceptos sobre cómo conseguir el éxito, voy a valerme de la ciencia. Un trabajo del Journal of Experimental Psychology (de la American Psychological Association, en Estados Unidos), afirma que equivocarse es la mejor manera de retener información.

Cometer errores puede beneficiar a la memoria, pero solo si cada uno de nuestros intentos se acerca a la respuesta correcta. La condición es que haya una intención y un proceso de razonamiento detrás de cada nueva oportunidad.

Nadie es el mejor en algo por obra divina. Aún los dones se tienen que perfeccionar. Si aceptas que tienes derecho a equivocarte y cometer errores, disminuye la tensión y aumentan las expectativas realistas. Adiós al estrés.

Además, cometer errores y afrontar las consecuencias es una prueba de fuego para el ego, pues nos pone en una posición muy incómoda, nos empuja a lidiar con la desilusión y a gestionar emociones. Así ejercitamos la famosa inteligencia emocional.

Muchos de los personajes que hicieron historia, se toparon con la fama por error. Alexander Fleming, descubrió la penicilina luego de que una placa de Petri, un recipiente de laboratorio, que dejó olvidada cuando se fue de vacaciones, se contaminara con el hongo penicillium chrysogenum.

Ira Remsen y Constantine Falhberg, buscaban usos alternativos para el alquitrán de hulla, un líquido que se usa lo mismo como pintura que como medicamento. Hicieron una pausa para comer y Falhberg notó que sus alimentos sabían mucho más dulce de lo habitual. Olvidó lavarse las manos tras salir del laboratorio. Y así nació la sacarina.

Cometer errores podría traer consigo un golpe de suerte. Así que relájate y regálate la oportunidad de aprender más (y mejor). Equivocarse es bueno y necesario.  

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