Sonríe, aún sin ganas, y nota qué pasa en tu cerebro.

Puedes “engañar” a tu cerebro y hacerle creer que estás feliz cuando, en realidad, ya no sabes si vas o vienes. Sonríe y compruébalo.

Solemos esperar a que algo o alguien nos haga felices y así se nos va la vida. Somos responsables de satisfacer nuestras necesidades, así que sonríe porque pasarla bien está en tus manos (y en tu boca). ¡No seas mal pensado!

Cuando sonríes, tu cerebro libera 4 hormonas: neuropéptidos, endorfinas, dopamina y serotonina. Se trata de neurotransmisores que, de forma inmediata, provocan un evidente estado de bienestar.

Ahora bien, seguro te preguntas qué hacer cuando no tienes ganas de sonreír. Fuérzate un poco. Ya sé, no suena tan cool y positivo como esperabas, pero funciona. Sonríe que, aunque sin ganas, tu cerebro hará su trabajo.

Por fortuna, no hay diferencia entre una sonrisa espontánea y una intencionada. Aún si finges, se modifica la química cerebral para que todo tu cuerpo se entere. Si sonríes frente al espejo, mejor.

Sonríe sin ganas y mejora no solo tu ánimo, también tu estado de salud física. Tanto nuestro corazón como nuestro cerebro se estimulan de forma considerable, incluso más que si consumimos una buena porción de chocolate, pero sin sus efectos negativos.

Parece que con el paso de los años se nos van acabando las razones para sonreír. De hecho, mientras los niños sonríen en promedio 400 veces al día, tan sólo un 33% de los adultos lo hace más de 20. Tenemos tanto que aprender de ellos.

Sonreír genera emociones positivas, confianza en el otro, longevidad y un montón de corazones flechados. Así que sonríe, aunque no tengas ganas. “Fake it till you make it”, como dicen los gringos y uno que otro wannabe.

En tiempos de incertidumbre y caos como este, provócate la felicidad. Aunque seguro tienes mucho por lo que agradecer, ayúdate de esta técnica si se te olvida.

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