Síndrome de la impostora, ¡que no te pase a ti!

¿Cuándo fue la última vez que hablaste de tus logros con una expresión del tipo “he tenido mucha suerte”? Quizá tú, como millones de mujeres, sufres del síndrome de la impostora.

El síndrome de la impostora es mucho más común de lo que parece. Valerie Young, autora de The Secret Thoughts of Successful Women, asegura que es un trastorno que padecen 7 de cada 10 personas.

Se trata de un fenómeno que puede presentarse lo mismo en hombres que en mujeres. En su forma original se denomina como “síndrome del impostor” a la alteración psicológica por la que una persona, a pesar de su éxito, no cree en sí misma.

Y hablamos del síndrome de la impostora porque cada vez somos más las mujeres que ocupamos puestos tradicionalmente masculinos y, sin embargo, no nos sentimos merecedoras de ellos. Vives creyendo que, en realidad, no eres tan buena.

Jose A. M. Vela, sociólogo y doctorando en estudios Interdisciplinares de Género de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), asegura que este trastorno responde a “una baja autoestima o una excesiva auto-exigencia”.

Y es que parece que todos estos años hemos luchado, desde diversas formas de feminismo, por algún tipo de igualdad y no de equidad. Hasta nos hemos disfrazado de hombres para encajar, con pantalón para no llamar la atención. Por supuesto que el síndrome de la impostora se hace presente, no nos sentimos cómodas.

No me malentiendan, no tengo nada en contra de usar un pantalón de vestir o un traje sastre, pero cuando elegimos esta vestimenta porque creemos que es la única forma de hacernos respetar, entonces, estamos aceptando más de lo mismo.  

¿Quién es responsable? En primera instancia, nosotras. Para acabar con el síndrome de la impostora, nos toca aceptarnos y comprender que podemos ocupar posiciones relevantes en cualquier ámbito laboral, político o social porque somos capaces, porque somos merecedoras, porque somos (así, sin complemento).

Claro que nos caería muy bien que el resto de la sociedad nos echara la mano, pero los grandes cambios siempre empiezan por una misma. No podemos andar por ahí minimizando nuestros logros para sentirnos menos culpables de haberlos conseguido. Parece broma, pero es anécdota.   

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