Body shaming: ¿alguna vez han criticado tu cuerpo?

Seguramente a ti también te dijeron “¡ya subiste de peso!” o “¡estás muy flaca! ¿estás comiendo bien?”. Total que no le damos gusto a nadie y, de hecho, no tendríamos siquiera que intentarlo. Hablemos sobre body shaming.

Se trata de un comportamiento tóxico que tiene como fin avergonzar a alguien por la apariencia de su cuerpo. Todos hemos vivido el body shaming. Todos hemos sido víctimas y victimarios.

Y es que, aunque parece demasiado obvio, perdemos de vista que criticar el cuerpo de los demás es algo que no nos corresponde, sencillamente porque es SU cuerpo. Comparar y compararnos es un ejercicio sin sentido, jamás seremos igual a otro (afortunadamente).

Nos encanta opinar y, sobre todo, hacerlo cuando no se nos pide. Cuando hacemos body shaming estamos mandando mensajes de desaprobación que pueden dañar seriamente el estado de salud de quien los recibe.

No sabemos por lo que están pasando los demás y parece que no nos interesa. Ella podría estar subiendo de peso porque está sometida a un tratamiento de fertilidad. Él podría estar sufriendo un trastorno alimenticio.

Se nos olvida, además, que tienen un espejo en su casa y que se ven ahí todas las mañanas, saben cómo lucen. Quizá están librando su propia batalla por aceptarse tal y como son y el body shaming solo se interpone en el camino.

Y que quede claro que no estoy fomentando la obesidad, pero que cada persona decida sin ruido exterior qué quiere para sí misma. Estoy diciendo que no eres tu peso y yo tampoco. Que ya es hora de visibilizar nuestra condición humana e imperfecta.

Sugiero que, si queremos perder o ganar peso, lo hagamos PORQUE nos amamos y no PARA amarnos. Y aunque gran parte del trabajo reside en nosotros mismos, no estaría de más que quienes nos rodean pusieran su granito de arena para acabar con el body shaming.

Las estrías son normales, los rollitos de la cintura y el famoso “salero” en los brazos también. Por eso es que vale la pena apoyar movimientos que reivindiquen la belleza real. Échale un ojito a las propuesta de body positive y body neutrality.

Si queremos respeto, basta de andar metiendo las narices donde no nos llaman. Hay que hacernos cargo de nosotros mismos y asumir la responsabilidad de nuestros actos. Con el body shaming nos queda más claro que nunca que las palabras no se las lleva el viento, calan y, a veces, muy profundo.

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